sábado, 16 de febrero de 2013

Yo Soy Católico


Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

viernes, 1 de febrero de 2013

Fiesta de la Presentación del Señor

Fiesta de la Presentación del Señor -
Tiempo Ordinario - Ciclo "C"
Sábado 2 de Febrero de 2013 -



A cuarenta días  después del nacimiento del Niño Jesús, la Liturgia nos lleva al Templo de Jerusalén y nos pone una nota de advertencia  y de dolor. Nos anuncia que el Salvador prometido provocará oposición de muchos y, además, que su misión será en dolor -para El y para su Madre- pues el Niño que ha nacido es el Cordero que deberá ser inmolado para la salvación del mundo.
¿En qué consistía esta ceremonia que cumplieron la Santísima Virgen y San José a los cuarenta días de nacido Jesús?
El texto habla del rito de la purificación y de presentar al Niño al Señor.  Son dos exigencias que se cumplen en un mismo momento, justamente a los 40 días después del nacimiento.  Después de pasar ese tiempo, se consideraba que la madre ya podía presentarse en el Templo y tenía que ofrecer un sacrificio de purificación, que solía ser un cordero y un pichón de paloma.  Pero, si era pobre, podía presentar dos pichones.
María y José presentaron dos pichones.  Por este hecho podemos ver que de veras eran pobres.  No pudieron hacer la ofrenda de los pudientes que era un cordero. 
Pero nos dice Juan Pablo II (Catequesis 11-12-1996) que ellos llevaron una ofrenda muchísimo más valiosa, porque llevaron al Verdadero Cordero que redimiría la humanidad. 
¿Qué nos dice de la Sagrada Familia el hecho de que cumplan con tanto cuidado todo lo prescrito?
Nos habla de la humildad y la obediencia.  ¿No tendrían que estar exentos de tantas exigencias los que traían al mismo Dios al Templo?  ¿No era Jesús el autor de la Ley?  ¿No era María la Pureza misma para tener que ofrecer dos pichones para ser purificada?  ¡Qué inmensa humildad!
La Madre de Dios, aun siendo inmaculada y purísima, y aun sabiendo que su Hijo era Dios, no dudaba en someterse a los requerimientos de la Ley Hebrea. Y así, cuando llegó el momento partió la Sagrada Familia hacia Jerusalén (Lc. 2, 22-40).
¿Quién aparece en escena en este momento de la Presentación de Jesús en el Templo?
María estaba pasando por el patio exterior  del Templo con su Divino Hijo, pero a nadie llamaba la atención, pues el gentío no sospechaba en lo más mínimo que el Mesías acababa de entrar por primera vez a la Casa de su Padre.
Pero sí hubo un hombre, uno solo, que reconoció al Niño Jesús como el Salvador del mundo:  gloria de Israel y luz de las naciones.
Simeón esperaba a un Redentor diferente al que esperaba el resto del pueblo judío.  Los judíos esperaban un redentor terreno.  Simeón esperaba a Aquél que traería la verdadera redención:  la redención del pecado.
El Espíritu Santo le había asegurado que no moriría sin conocer al Mesías prometido que salvaría al mundo de sus pecados.   
Lc 2:
25. Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. 
            26.       Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor.             
            27.       El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al Niño Jesús para cumplir con Él lo que mandaba la Ley, 
            28.       Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:            
          29.       Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho.     
            30.       Porque mis ojos han visto a tu salvador,           
            31.       que has preparado y ofreces a todos los pueblos,        
           32.       luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.        
          33.       Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del Niño.        
          34.       Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este Niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será signo de contradicción en cuanto se manifieste,     
        35.       mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.»
Ante todo lo dicho por Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, José y María estaban maravillados.  Deben haberse sorprendido de que Simeón pudiera saber quiénes eran y que se apareciera justo en este momento. 
También se impresionarían de que Jesús no sólo era gloria de Israel, sino también luz de revelación al resto de las naciones.  El que San Lucas nos diga que estaban maravillados, nos lleva a pensar que con las palabras de Simeón los padres de Jesús tendrían una más profunda inspiración acerca del Misterio de la Redención.
Al presentar a su Hijo al Altísimo en el Templo, María debió haber tenido una elevada oración de entrega de Jesús al Padre, pensando los sufrimientos que debía pasar para completar la Redención.  Los presentimientos de su Madre, se ven confirmados por lo que Simeón le revela:   una espada te atravesará el alma.
Y ese dolor lo tuvo la Madre desde ese momento y lo vivió de manera superlativa en la cruz, cuando una espada también atravesó el alma de ella.
Nos dice Juan Pablo II en su Encíclica Madre del Redentor, que las palabras de Simeón fueron una segunda Anunciación para la Virgen.  Es cierto, aquí en la Presentación en el Templo, María tiene un panorama más completo sobre el dolor que ella compartirá con su Hijo para la realización de la Redención.  Ya ella había dado su fiat.   Y lo volvió a dar en esta segunda Anunciación y lo siguió dando durante toda su vida, hasta entregarlo como el Cordero muerto en la Cruz para la salvación del mundo. 
¿Qué significa el que Jesús sería signo de contradicción?
Ya desde su infancia comenzó la contradicción, la oposición, la disputa.  Fue perseguido por Herodes y por eso tuvieron que huir a Egipto. 
Cuando comenzó su vida pública, tuvo la oposición acérrima de Fariseos y Saduceos.  Lo acusaron de estar ligado a Satanás.  En su pueblo, Nazaret, trataron de empujarlo por un barranco, por lo que había dicho en la Sinagoga allí.  En la Fiesta de la Dedicación del Templo trataron de apedrearlo por blasfemo.  Lo acusaron ante Pilato de alebrestar al pueblo.  Sus enemigos no cejaron hasta no verlo muerto en la Cruz.  
Inclusive después de su Resurrección, la oposición a su doctrina y a su Iglesia continúa. 
Muchos aceptarían la salvación que nos trae este Niño recién nacido, pero muchos la rechazarían.   La salvación fue realizada por Jesús, pero somos libres de aceptarla o de rechazarla.  Es el misterio de la libertad humana. 
Jesús lo ha hecho todo y desea que todos aprovechemos la salvación que El nos ha regalado, pero requiere que respondamos a ese gran regalo con algo muy pequeño e insignificante, pero que a veces nos parece muy grande e importante:   nuestra voluntad.  Nuestra voluntad entregada a El, como la entregó su Madre, que se hizo y se reconoció “esclava del Señor” (Lc. 1, 38),  y gracias a Ella y a su entrega, Dios realizó la obra de salvación de la humanidad.
¿Alguien más se dio cuenta de la llegada del Mesías al Templo por primera vez?
Lucas 2:
36. Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio. 
            37.  Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones.       
            38.   Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del Niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.     
Impresiona que Ana haya hablado del Niño a todos los que estaban viendo la escena.  No nos dice San Lucas si creyeron o no, si fueron luego seguidores de Jesús.  ¿Qué habrán pensado esos afortunados que pasaban por allí en ese momento?  No lo sabemos, pero deben haber recibido muchísimas gracias.
¿Cómo y cuándo se celebra la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo?
Cada 2 de Febrero se cumplen los 40 días después del Nacimiento el 25 de Diciembre.  Ese día se celebra la Presentación de Jesús y la Purificación de su Santísima Madre. 
Pero ¿por qué es la Fiesta de la Candelaria?
Porque, como Cristo fue anunciado por Simeón como la Luz del Mundo, ese día se bendicen las velas que a todo el mundo le interesan tanto.  Lamentablemente, no porque quieren reconocer a Cristo como Luz del Mundo, sino porque buscan las velas benditas como protección y a veces hasta como superstición.  Nuestra Señora de la Candelaria es la Santísima Virgen representada con una vela o candela en sus manos, la cual se venera ese día. 
La Santísima Virgen y San José, Simeón y Ana son modelos de lo que Dios requiere de nosotros para realizar su obra de salvación:  docilidad a Dios y entrega a su Voluntad, que nos son dadas especialmente en el recogimiento y oración.  Si los imitamos, el Espíritu Santo nos hará saber que Jesús es nuestro Salvador y así El podrá cumplir en nosotros su obra de salvación. 
Así podremos ver que aún siendo “signo de contradicción”,   El es “Luz que alumbra  las naciones”… que alumbra a cada uno de nosotros.
Las velas benditas de esta Fiesta de la Presentación del Señor nos recuerden que para nosotros Jesús es Luz y no signo de contradicción, pues nos dejamos iluminar y guiar dócilmente por su voluntad.
"Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella  buscaré la esperanza y caridad"

domingo, 16 de diciembre de 2012

¿ESTA CERCA EL FIN?

Desde que Jesús vino al mundo como Dios verdadero y como Hombre también verdadero, podemos decir con San Pablo (Flp. 4, 4-7) que“el Señor está cerca”, porque cada día que pasa nos acerca más a la venida del Señor. «Sí, vengo pronto», nos dice el final del Apocalipsis (Ap 22, 20)
Parusía

¿Cuándo será ese momento?  Nadie, absolutamente nadie, lo sabe con certeza.  Eso nos lo ha dicho Jesús.  Pero también nos ha hado algunos signos que El mismo nos invita a observar:
1.) Muchos tratarán de hacerse pasar por Cristo.  2.) Sucederán guerras y revoluciones que no son aún el final.  3.) Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro.  4.) Terremotos, epidemias y hambres.  5.) Señales prodigiosas y terribles en el cielo.  6.) Persecuciones y traiciones para los cristianos.  7.) El Evangelio habrá sido predicado en todo el mundo.  8.) La mayor parte de la humanidad estará imbuida en las cosas del mundo y habrá perdido la fe.  9.) Después se manifestará el anti-Cristo, que con el poder de Satanás realizará prodigios con los que pretenderá engañar a toda la humanidad. (Mt 24, 4-51;  Lc 21, 5-36).
 ¿Cómo volverá Jesucristo?  Primeramente aparecerá en el cielo su señal -la cruz-; vendrá acompañado de Ángeles y aparecerá con gran poder y gloria. (Mt. 24, 30-31)
Entonces ... ¿qué hacer?  También nos lo dice el mismo Jesús:  «Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.» (Lc  21, 36)
San Pablo también nos responde con la misma consigna:  “No se inquieten por nada; más bien presenten sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud”.  La oración es, sin duda, uno de los ingredientes más importantes para prepararnos a la venida del Señor. 
Pero ¿qué más hacer?  Con la oración como punto de partida, la Misa dominical que no debe faltar, arrepentimiento y Confesión sacramental de nuestros pecados y la Comunión lo más frecuente posible, debemos realizar el ideal del cristiano que conocemos.
A San Juan Bautista le tocó ir preparando a la gente a la aparición pública de su primo Jesús.  Los que le seguían le preguntaban “¿qué debemos hacer?” (Lc. 3, 10-18).  Y él les daba ya un programa de vida que parecía un preludio del mandamiento del amor que Jesús nos traería. “Quien tenga dos túnicas que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”. 
A los publicanos, funcionarios públicos les decía:  “No cobren más de lo establecido, sino conténtense con su salario”.  A los soldados: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente”. 
Ahora bien, siguiendo la tónica del Adviento, este tiempo preparatorio a la Navidad, las lecturas nos llevan de la primera a la segunda venida de Cristo.  San Juan Bautista nos habla de la aparición pública del Mesías allá en Palestina hace poco más de dos mil años, pero también nos habla de su segunda venida:  “El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”. (Lc 3, 10-18)
Clarísima alusión al fin del mundo, cuando Cristo separará a los buenos de los malos:  unos irán al Cielo y otros al Infierno, al fuego que no se extingue.      
Oración y vigilancia es lo que nos pide el Señor:  orar y actuar como si hoy -y todos los días- fueran el último día de nuestra vida terrena.
Lo importante no es saber el cómo.  Lo importante no es saber el cuándo.  Lo importante es estar siempre preparados.  Lo importante es vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra.
--

"Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella  buscaré la esperanza y caridad"

martes, 27 de noviembre de 2012

Sangre de Cristo


Oración a la Sangre de Cristo

Señor Jesús, gracias por tu amoroso y voluntario sacrificio por nosotros.
Gracias por Tu Sangre enteramente derramada por nuestra redención.
Aqui estamos reunidos en Tu Nombre para suplicarte protección y defensa.
Escucha nuestra súplica invocando el Poder de tu Preciosa y Misericordiosa Sangre.

Señor Jesús, en tu nombre y con 
el Poder de tu Sangre Preciosa
sellamos toda persona, hechos o 
acontecimientos a través de los cuales 
el enemigo nos quiera hacer daño.
Con el Poder de la Sangre de Jesús 
sellamos toda potestad destructora en 
el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, 
debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas 
de la naturaleza, en los abismos del infierno, 
y en el mundo en el cual nos movemos hoy.
Con el Poder de la Sangre de Jesús
rompemos toda interferencia y acción del maligno. 
Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares 
y lugares de trabajo a la Santísima Virgen 
acompañada de San Miguel, San Gabriel, 
San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.
Con el Poder de la Sangre de Jesús 
sellamos nuestra casa, todos los que la habitan 
(nombrar a cada una de ellas), 
las personas que el Señor enviará a ella, 
así como los alimentos y los bienes que 
Él generosamente nos envía
para nuestro sustento.
Con el Poder de la Sangre de Jesús
sellamos tierra, puertas, ventanas, 
objetos, paredes,  pisos y el aire que respiramos,
y en fe colocamos un círculo de Su Sangre
alrededor de toda nuestra familia.
Con el Poder de la Sangre de Jesús
sellamos los lugares en donde vamos 
a estar este día, y las personas, empresas 
o instituciones con quienes vamos a tratar 
(nombrar a cada una de ellas).
Con el Poder de la Sangre de Jesús
sellamos nuestro trabajo material y espiritual, 
los negocios de toda nuestra familia, 
y los vehículos, las carreteras, los aires, 
las vías y cualquier medio de transporte 
que habremos de utilizar.
Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos,
las mentes y los corazones de todos los habitantes 
y dirigentes de nuestra Patria a fin de que 
Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.
Te agradecemos Señor por Tu Sangre y 
por Tu Vida, ya que gracias a Ellas 
hemos sido salvados y somos preservados 
de todo lo malo. 
Amén.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Acción santificadora del Espíritu Santo


Acción santificadora del Espíritu Santo

Apartes de las “Catequesis del Santo Padre Juan Pablo II sobre las Verdades del Credo” dedicadas al Espíritu Santo en el Antiguo Testamento
1. El espíritu divino, según la Biblia, no es sólo luz que ilumina dando el conocimiento y suscitando la profecía, sino también fuerza que santifica. En efecto, el espíritu de Dios comunica la santidad, porque él mismo es 'espíritu de santidad'. 'espíritu santo'. Se atribuye este apelativo al espíritu divino en el capítulo 63 del libro de Isaías cuando. en el largo poema dedicado a exaltar los beneficios de Yahvéh y a deplorar los descarríos del pueblo a lo largo de la historia de Israel, el autor sagrado dice que 'ellos se rebelaron y contristaron a su espíritu santo' (Is 63, 10). Pero añade que después del castigo divino. 'se acordó de los días antiguos, de Moisés su siervo'. para preguntarse: '¿Dónde está el que puso en él su espíritu santo ?' (Is 63, 11 ).
Este apelativo resuena también en el Salmo 50/51, donde, al pedir perdón y misericordia al Señor (Miserere mei Deus. secundum misericordiam tuam), el autor le implora: 'No me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mi tu santo espíritu' (Sal 50/51, 13). Se trata del principio íntimo del bien, que actúa en el interior para llevar a la santidad (= 'espíritu de santidad ')
2. El libro de la Sabiduría afirma la incompatibilidad entre el Espíritu Santo y cualquier falta de sinceridad o de justicia: 'Pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño. se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad' (Sab 1, 5). Se expresa también una relación muy estrecha entre la sabiduría y el espíritu. En la sabiduría) dice el autor inspirado. 'hay un espíritu inteligente, santo' (7, 22), el cual es también 'inmaculado' y 'amante del bien'. Dicho espíritu es el mismo espíritu de Dios, porque 'todo lo puede, todo lo observa' (7, 23). Sin este 'espíritu santo de Dios' (Cfr. 9. 17) que Dios 'envía de lo alto', el hombre no puede discernir la santa voluntad de Dios (9, 13.17) y mucho menos, evidentemente, cumplirla fielmente.
3. En el Antiguo Testamento la exigencia de santidad está fuerte mente vinculada a la dimensión cultual y sacerdotal de la vida de Israel. El culto se debe tributar en un lugar 'santo', lugar de la Morada de Dios tres veces santo (Cfr. Is 6, 1.4). La nube es el signo de la presencia del Señor (Cfr. Ex 40, 34.35; 1 Re 8, 10.11 ); todo, en la tienda, en el templo. en el altar, en los sacerdotes, desde el primer consagrado Aarón (Cfr. Ex 29, 1, ss.), debe responder a las exigencias del 'sacro'. que es como una aureola de respeto y de veneración creada en torno a personas, ritos y lugares privilegiados por una relación especial con Dios.
Algunos textos de la Biblia afirman la presencia de Dios en la tienda del desierto y en el templo de Jerusalén (Ex 25, 8; 40 34-35; 1 Re 8, 10-13; Ez 43,4-5). Sin embargo, en la narración misma de la dedicación del templo de Salomón se refiere una oración en la que el rey pone en duda esta pretensión diciendo: '"Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden con tenerte, ¡cuánto menos esta Casa que yo te he construido! (1 Re 8, 27).
En los Hechos de los Apóstoles, san Esteban expresa la misma convicción a propósito del templo: 'El Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre' (Hech 7, 48). La razón de ello la explica Jesús mismo en el coloquio con la Samaritana: 'Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad' (Jn 4, 24). Una casa material no puede recibir plenamente la acción santificadora del Espíritu Santo. y por tanto no puede ser verdaderamente 'morada de Dios'. La verdadera casa de Dios debe ser una 'casa espiritual'. como dirá san Pedro, formada por 'piedra vivas', es decir, por hombres y mujeres santificados interiormente por el Espíritu de Dios (Cfr. 1 Pe 2, 4.10; Ef 2, 21.22).
4. Por ello. Dios prometió el don del Espíritu a los corazones, en la célebre profecía de Ezequiel, en la que dice: 'Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros... Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados: de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo... Infundiré mi espíritu en vosotros...' (Ez 36. 23.27). El resultado de este don estupendo es la santidad efectiva. vivida con la adhesión sincera la santa voluntad de Dios. Gracias a la presencia íntima del Espíritu Santo, finalmente los corazones serán dóciles a Dios y la vida de los fieles será conforme a la ley del Señor.
Dios dice: 'difundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas' (Ez 36. 27). El Espíritu santifica de esta forma toda la existencia del hombre.
5. Contra el espíritu de Dios combate el 'espíritu de la mentira' (Cfr. 1 Re 22, 21-23), el 'espíritu inmundo' que subyuga a hombres y pueblos sometiéndolos a la idolatría. En el oráculo sobre la liberación de Jerusalén. en perspectiva mesiánica, que se lee en el libro de Zacarías. el Señor promete realizar él mismo la conversión del pueblo. haciendo desaparecer el espíritu inmundo: 'Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén. para lavar el pecado y la impureza. Aquel día...extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos... igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra...' (Za 13. 1.2: cfr. Jer 23, 9 s.; Ez 13 . 2 ss.).

El 'espíritu de impureza' será combatido por Jesús (Cfr. Lc 9. 42; 11,24). que hablará. a este propósito, de la intervención del Espíritu de Dios y dirá: 'Si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios' (Mt 12. 28). Jesús promete a sus discípulos la asistencia del 'Consolador'. que 'convencerá al mundo... en lo referente al juicio, porque el Principe de este mundo está juzgado' (Jn 16. 8.11). A su vez, Pablo hablará de; Espíritu que justifica mediante la fe y la caridad (Cfr. Gal 5.19 ss.). enseñando la nueva vida 'según el Espíritu': el Espíritu nuevo de que hablaban los profetas.
6.. Los hombres o pueblos que siguen el espíritu que está en conflicto con Dios. 'contristan' al espíritu divino. Es una expresión de Isaías que hemos referido ya y que es oportuno citar de nuevo en su contexto. Se halla en la meditación del llamado Trito.Isaías sobre la historia de Israel: 'No fue un mensajero ni un ángel: él mismo en persona (Dios) los liberó. Por su amor y su compasión los liberó. Por su amor y su compasión él los rescató: los levantó y los llevó todos los días desde siempre. Mas ellos se rebelaron y contristaron a su Espíritu santo' (Is 63, 9.10). El profeta contrapone la generosidad del amor salvífico de Dios para con su pueblo, y la ingratitud de éste. En su descripción antropomórfica, se conforma con la psicología humana la atribución al espíritu de Dios de la tristeza producida por el abandono del pueblo. Pero según el lenguaje del profeta, se puede decir que el pecado del pueblo contrista el espíritu de Dios especialmente porque este espíritu es santo: el pecado ofende la santidad divina. La ofensa es más grave porque el Espíritu Santo de Dios no sólo ha sido colocado por Dios en su siervo Moisés (Cfr. Is 63, 11), sino que lo ha dado como guía a su pueblo durante el éxodo de Egipto (Cfr. Is 63. 14), como signo y prenda de la salvación futura: 'Mas ellos se rebelaron...', (Is 63, 10).
También Pablo, heredero de esta concepción y de este lenguaje, recomendará a los cristianos de Éfeso: 'No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención' (Ef 4, 30; cfr. 1,13-14).
7. La expresión 'contristar al Espíritu Santo' demuestra bien que el pueblo del Antiguo Testamento ha pasado progresivamente de un concepto de santidad sacral, más bien externa, al deseo de una santidad interiorizada bajo la influencia del Espíritu de Dios.
El uso más frecuente del apelativo 'Espíritu Santo' es un indicio de esta evolución. Este apelativo. inexistente en los libros más antiguos de la Biblia, se impone poco a poco precisamente porque sugería la función del Espíritu Santo para la santificación de los fieles. Los himnos de Qumran en varias ocasiones dan gracias a Dios por la purificación interior que él ha realizado por medio de su Espíritu santo (por ejemplo, Himnos de la Ságruta de Qumran, 16, 12;17. 26) .
El intenso deseo de los fieles no era ya sólo de ser liberados de los opresores, como en el tiempo de los Jueces, sino ante todo de poder servir al Señor 'en santidad y justicia, delante de él todos nuestros días' (Lc 1, 75). Por esto, era necesaria la acción santificadora del Espíritu Santo.
A esta espera corresponde el mensaje evangélico. Es significativo que en los cuatro evangelios la palabra 'santo' aparezca por primera vez en relación con el espíritu, tanto para hablar del nacimiento de Juan Bautista y del de Jesús (Mt 1, 18)20; Lc 1, 15, 35), como para anunciar el bautismo en el Espíritu Santo (Mc 1, 8; Jn 1, 33). En la narración de la Anunciación, la Virgen María escucha las palabras del ángel Gabriel: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti...; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios' (Lc 1. 35). Así comenzó la decisiva acción santificadora del Espíritu de Dios, destinada a propagarse a todos los hombres.